Fotografía contemporánea por Francisco González Fernández.

Toni Catany: In Memoriam

Nunca perteneció a ninguna escuela, ni movimiento en el sentido histórico de la fotografía. Situado sobre sus propias experiencias, así como sus propios problemas vitales y referencias, supo crear una estética y una poética muy personal de hondas raíces clásicas aunque abiertas a la más pujante contemporaneidad.

Pasó gran parte de su vida en el Mediterráneo, ocupado en su cultura y sus gentes, Egipto, Israel, Libia, Marruecos, Túnez, Grecia, Sicilia… “cuando comencé a fotografiar en Mallorca creía que mi isla era el centro del Mediterráneo. Ahora veo que mi tierra es el mar entero”

Su universo de imágenes giraba en torno a aquellos temas que le interesaban y le atraían: los calotipos, las naturalezas muertas, el paisaje, el desnudo, el retrato y como él mismo decía, sólo volvía a algunos de estos temas cuando tenía algo nuevo que decir.

Aparentemente la fotografía de Toni Catany (Llucmayor, Mallorca, 1942-2013) debería servirnos para descubrir su capacidad creativa y de descripción de la armonía de los grises o del color, del volumen, de la textura, de los efectos de la luz y de las realidades únicas contempladas por el fotógrafo y puestas en escena a través de un ejercicio de composición. Sin embargo, en sus imágenes todo esto no es lo importante, pues la visión de ellas supone un ejercicio de descubrimiento constante, de revelarnos -además de esas capacidades- la tranquilidad y el sosiego que emanan de la estrecha comunión entre el fotógrafo y sus propias emociones. La sumisión de la técnica al deseo de los sentimientos que inspiran el acto creativo.

La atmósfera evocativa, delicada y sublime que encontramos en su fotografía no resulta casual pues forma parte de una mirada que se proyecta mucho más allá de las flores, los objetos, los cuerpos o las caras representadas. Una mirada tan profunda como el alma. Lo vital y lo exánime. Lo nítido y lo opaco. Lo impoluto y lo sucio. Cara y cruz de lo humano, sentimientos para bien y para mal.

Su fotografía enriquecerá para siempre nuestra mirada. Nos permitirá hacer un alto en el camino. Situarnos. Coger resuello. Volvernos en pos de atrapar nuestras sombras más esquivas. En ella no hay más intensidad que la de los sentimientos, no hay espejismo ni luz cegadora, ni artificio. Esa luz tamizada con la que nos la presenta, no es oficio ni recurso, es simplemente su poesía. Sutil. Leve. Frágil. Discreta. Hermosa como los pétalos de sus flores, a veces exultantes, a veces marchitas.

Toni Catany nos hizo mirar un paisaje no por más olvidado menos conocido: el de lo humano. Apeló a los sentimientos y lo hizo sin descaro. Somos nosotros los que obstinadamente nos negamos a reconocernos, afirmando que la paz y la serenidad, que las emociones sencillas y sinceras son patrimonio ajeno. Que fueron y no son ya. Sus pequeños objetos, sus flores, sus cuerpos o sus rostros, son solamente referencias de nosotros mismos, imágenes especulares suyas, nuestras, de todos. La belleza de su fotografía no se encuentra en ella misma, se halla en quienes la saben mirar.

“Fotografío para traducir mis emociones, mis sentimientos y las reacciones de mi sensibilidad en imágenes”
Toni Catany.

Mi adiós a un amigo y a una magnífica persona.

Foto Portada: Diario de Mallorca
Fotos: Toni Catany

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