Fotografía contemporánea por Francisco González Fernández.

Lia Niobe «Photography»

Los seres humanos estamos hechos casi totalmente de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno y así podría decirse, sin lugar al error, que estamos hechos de materia estelar, del polvo de la explosión y colapso de miles de estrellas hace cientos de millones de años cuando se produjo el Big Bang. De manera más prosaica podría decirse también que estamos hechos de carne y hueso o incluso de cuerpo y alma.

En cualquier caso, sin negar ninguna de las afirmaciones anteriores, siempre he creído que, además, estamos hechos de experiencias, creencias, recuerdos, hábitos, interpretaciones, sociedad, educación, cultura, arte y familia, factores todos ellos que esencialmente condicionan nuestra existencia, nuestras conductas y nuestros comportamientos.

Durante mucho tiempo hemos estado viviendo de espaldas a la realidad creyéndonos el centro del universo construyendo un relato egocéntrico, un relato universal en el que se dejaba de lado a la naturaleza y al propio ser humano en favor del individuo.

Pero ya no existe ese gran relato con el que imaginar el mundo, tan sólo nos queda la posibilidad de sustituirlo por pequeñas narraciones individuales, pequeñas porciones de de nuestra vida con la que intentar entender mejor la propia realidad y nuestra propia existencia.

Siempre me he inclinado por considerar la fotografía como expresión del pensamiento, en tanto palabra de una forma de lenguaje propiamente artístico y siempre he creído en la capacidad de la fotografía para la ficción, el relato, la narración, el misterio, el secreto y la alegoría.

La fotografía no es la realidad, es su representación y, por ello, siempre ha mantenido su disponibilidad para ofrecernos estructuras semánticas sensibles ocultas en la propia imagen que no nos presentan el mundo real tal y como es, sino que nos proponen un paseo por la frontera que media entre la vigilia y el sueño, entre las luces y las sombras, entre la opacidad y la transparencia.

Lia Niobe (tal y como se conoce a Michaela Haider en fotografía, 1996, Austria) realiza un ejercicio de simulación en el que lo real tiende a difuminarse y desdibujarse hasta provocar su eclipse, dando entonces nacimiento y protagonismo a lo imaginario, a lo surreal, a un modelo suplantador de la realidad cuya integración en el mundo se llevará a cabo a través del vértigo de un eco reiterativo insertado en la cultura, para, de este modo, instaurar y legitimar la confusión entre lo real y lo irreal.

Al representar sus creencias, sus pensamientos y sus intuiciones, su fotografía no sólo está en condiciones de ofrecer a nuestra mirada equivalentes de imágenes mentales sino que, también, se pone en disposición de brindarnos equivalentes culturales a modo de fragmentos de un imaginario colectivo.

En su fotografía y gracias al propio estatuto fotográfico, los recuerdos individuales y la memoria colectiva se trasiegan entre clichés y dígitos y, en ese trasvase, las formas se vuelven semejantes, lo ficticio suplanta a lo real y la representación se ve sumida en la larga sombra del eclipse.

Paisajes en los que seres fabulosos viven y existen dentro de la sombra a modo de efigies de un mundo paralelo. En el eclipse y entre sus sombras todo se tornará ambiguo y huidizo, no existirá ni el tiempo ni el espacio, todo será una ilusión y a la luz del eclipse el mundo se convertirá en la página de un cuento en donde todo es posible, en donde naturaleza y ser humano serán la misma cosa, serán iguales.

Mi arte tiene la intención de hacer que la experiencia del alma y la experiencia de la naturaleza asociada sean más perceptibles. Debería fortalecer la visión de la propia alma y la comprensión de uno mismo y del propio ser. Creo que todo el mundo tiene este entendimiento, pero muchos apenas lo perciben. Mis obras deberían facilitar ese acceso.- Lia Niobe.

 

Foto portada: What we’re made of de Lia Niobe.

Fotos: de Lia Niobe.

Website:  https://lianiobe.com/   Instagram:  @lianiobe   Facebook:  Lia Niobe Photography

 

Human beings are made almost entirely of carbon, hydrogen, oxygen and nitrogen and so it could safely be said that we are made of stellar matter, the dust from the explosion and collapse of thousands of stars hundreds of millions of years ago when the Big Bang occurred. More prosaically, it could also be said that we are made of flesh and blood or even body and soul.

In any case, without denying any of the above statements, I have always believed that we are also made of experiences, beliefs, memories, habits, interpretations, society, education, culture, art and family, all factors that essentially condition our existence, our conduct and our behaviour.

For a long time we have been living with our backs turned to reality, believing ourselves to be the centre of the universe, constructing an egocentric story, a universal story in which nature and the human being itself were left aside in favour of the individual.

But there is no longer that great story with which to imagine the world, we only have the possibility of replacing it with small individual narratives, small portions of our lives with which to try to better understand our own reality and our own existence.

I have always been inclined to consider photography as an expression of thought, as a form of artistic language, and I have always believed in photography’s capacity for fiction, storytelling, narration, mystery, secrecy, and allegory.

Photography is not reality, it is its representation and, for this reason, it has always maintained its availability to offer us sensitive semantic structures hidden in the image itself that do not present us with the real world as it is, but rather propose a walk along the frontier between waking and dreaming, between light and shadow, between opacity and transparency.

Lia Niobe (as Michaela Haider is known in photography, 1996, Austria) carries out an exercise in simulation in which the real tends to blur and blur until it is eclipsed, giving birth and prominence to the imaginary, to the surreal, to a model that supplants reality, whose integration into the world will take place through the vertigo of a reiterative echo inserted into culture, thus establishing and legitimising the confusion between the real and the unreal.

By representing her beliefs, thoughts and intuitions, her photography is not only in a position to offer our gaze equivalents of mental images, but also to offer us cultural equivalents in the form of fragments of a collective imaginary.

In her images and thanks to the photographic status itself, individual memories and collective memory are transferred between clichés and digits and, in this transfer, forms become similar, the fictitious supplants the real and representation is plunged into the long shadow of eclipse.

Landscapes in which fabulous beings live and exist within the shadow as effigies of a parallel world. In the eclipse and in its shadows everything will become ambiguous and elusive, neither time nor space will exist, everything will be an illusion and in the light of the eclipse the world will become the page of a fairy tale where everything is possible, where nature and human beings will be the same thing, they will be equal.

“My art is intended to make the experience of the soul and the associated experience of nature more perceptible. It should strengthen the vision of one’s own soul and the understanding of oneself and one’s own being. I believe that everyone has this understanding, but many hardly perceive it. My works should facilitate this access”.- Lia Niobe.

 

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Lia Niobe